El sonido de las olas del mar, la suave brisa y
el sol de las 8 de la mañana ponen el ambiente perfecto para un desayuno entre
amigos. El pescado a la brasa y el pan fresco fueron acompañados con una taza
de té para recuperar las fuerzas de la fallida pesca de la noche anterior.
Pasado el desayuno deciden bajar la comida
caminando por la parte mojada de la playa, justo donde se puede sentir el agua
llegar hasta los tobillos y refrescar la planta de los pies. Van Jesús y Pedro
solamente, los otros quedaron desenredando las redes.
En este momento ocurre una conversación muy importante: Jesús le pregunta a Pedro por tres ocasiones
si lo ama.
Meses atrás (o años) Jesús le había dicho a Simón
que ya no se llamaría de esa manera, sino que desde ese momento se llamaría <<Cefas>> que significa Pedro. (Juan 1:42). Durante todo el
ministerio de Jesús en la tierra siempre lo llama <<Pedro>>.
Excepto en esta ocasión:
Juan 21:15: “Simón,
hijo de Juan, ¿me amas más que estos”
Juan 21:16: “Simón,
hijo de Juan, ¿me amas?"
Juan 21:17: “Simón,
hijo de Juan, ¿me quieres?"
¿Por qué Jesús llamó a Pedro <<Simón, hijo
de Juan>> después de haberlo llamado mucho tiempo por el nombre que El
mismo le dio?
No, no es por el resentimiento de haber sido
negado 3 veces noches atrás en el momento que más necesitaba Jesús de su
soporte. Tampoco era para hacerlo sentir mal. La verdad es que Jesús le llamó 3
veces “Simón, hijo de Juan” para recordarle del lugar donde Él lo encontró.

La pesca en ambos casos fue mucha, y en ambos casos
Cefas se postra ante este “extraño”. Años atrás Simón no conocía a este
extraño, hoy lo conoce, pero no lo reconoce y fue porque alguien dijo “es el
Señor” que se abalanzó al agua y nado hasta la orilla a comprobarlo.
¡Cuán
frágil es nuestra mente! Rápidamente olvidamos de donde Jesús nos rescató. Hoy
Cristo repite los milagros una y otra vez para que reaccionemos que Él es real,
pero nosotros, al igual que Pedro, no lo reconocemos. Seguimos distraídos en la
barca asombrados por los peces como si fuera la primera vez que pescamos tanto,
olvidamos que en el pasado esto ya lo habíamos vivido y fue por el mismo
personaje <<Jesús>> que pudimos pescar después de haber fracasado
en el intento con nuestras fuerzas.
En
ocasiones es necesario que Jesús camine con nosotros y nos pregunte tres veces:
“Michael, hijo de Kenny y Carola, ¿me amas?.
Hagan
el ejercicio ustedes mismos: “…….., hijo de …………. ¿me amas?.
¿Cuál
sería nuestra respuesta?.
De
seguro la mía sería: -
Señor, tu sabes que te quiero.
Y,
al igual que Pedro, no me atrevería a verlo a los ojos, seguiría caminando
mirando hacia el final de la playa mientras mis ojos comienzan a nublarse y a
mojarse lentamente reconociendo que mis palabras muchas veces no reflejan lo
que en mis actos. Sin embargo, seguiría caminando junto a Él.
Pero
hay otro detalle oculto dentro de la respuesta de Simón, y es la respuesta a la
tercera vez que Jesús le preguntó si lo amaba.
-
“Señor, tú lo sabes todo. Tu sabes que yo te quiero”. (Juan 1:17)
Me
impacta la frase “Tú lo sabes todo”.
Pedro
en tan solo 4 palabras le dijo a Jesús todo lo que había en su corazón.
Bastaron solo estas 4 palabras para que Jesús sienta lo que sentía Pedro en el corazón.
A
veces nosotros olvidamos este gran detalle: “Dios lo sabe todo”.
Pedro
lo reconoció y nos enseñó algo valioso que ya no deberíamos pasar por alto: “El Señor lo sabe todo”
Pedro
no buscó escusas, no le pidió perdón por no haberlo reconocido, no le pidió perdón
por haberlo negado, tampoco le dijo algún justificativo: “mira Jesús, si me
mataban como iba a ayudar a mi familia” “Jesús la verdad es que te negué porque
tuve miedo, miedo a la muerte, miedo a ti”.
Pedro
solo le dijo: “Tú lo sabes todo”. Pedro reconoció que Jesús sabía que después de
negarlo “saliendo fuera, lloró amargamente” (Lucas 22:62)
El "lloró amargamente" fue el arrepentimiento de Pedro ante lo que había hecho. El
llorar amargamente de seguro fue acompañado de frases de perdón y de culpa. Estoy seguro
que el llanto de Pedro no fue un llanto de un día, sino de varios días, por eso
fue necesario que el mismo Jesús le diga “apacienta mis ovejas”. Es decir,
que el mismo Jesús le diga: “tranquilo,
ya pasó, tenemos que seguir con el plan. No te puedes quedar en el pasado de la
traición, yo te perdono para que sigas adelante. Apacienta mis ovejas. Alimenta
mis ovejas. Sé el pescador de hombres que un día te dije que serías. Yo no he
cambiado de opinión. Yo ya te perdoné en la cruz”.
La
charla termina con un Jesús indicándole a Pedro una profecía de cómo será su
vida.
Jesús
lo sabe todo, por tanto:
Él
sabe lo que te pasa en este momento.
Él
sabe lo que te hace reír y te hace llorar.
Él
sabe las necesidades que tienes, los temores, angustias y depresiones.
Él
sabe cómo hacerte feliz, como alegrar tu corazón y como cambiar tu vida.
Lo único que Jesús espera de nosotros es que reconozcamos que “él lo sabe todo”,
le digamos, mirándolo a los ojos: “Señor,
tú sabes que te amo”.
Cuando
aceptemos que lo amamos, y que vivamos demostrando nuestro amor a Él, de
seguro nos hablará y nos dirá “te perdono. Hay que seguir con el plan, no he cambiado de opinión. Yo aun te
amo.”
Michael Cedillo
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