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jueves, 19 de mayo de 2016

Una historia cualquiera (parte 1)

Aun recuerdo la primera vez que te vì, tenías tan solo 9 años, estabas con un vestido amarillo con bordes cremas, tu blanca piel resaltaba con el vestido. Tu sonrisa y tus ojos cafès casi miel me causò asombro.
Te vi, me pareciste tierna pero no te tome en cuenta.

Las redes sociales llegaron y te agregue a ellas. Ya no eras la niña de 9 años, ahora eras una mujer de 19. Tu altura no había cambiado mucho, el color de tu piel tampoco. Tus ojos y tu sonrisa si... Eran más hermosos. Me atreví a escribirte y respondiste. No recuerdo la charla, pero de seguro era más o menos comenzó así:
- Hola, como te va?
-Bien, como así me escribes?
entre otras cosas básicas.

Pasó el tiempo y nuestras conversaciones eran más constantes. Una mañana te invité a salir. Tenía un espacio libre entre las 12 y las 3 hasta que me tocara ver Neurología. Aceptaste. Mi corazón se invadió de alegría. Quedamos en vernos por la calle de los árabes. Te invité un shawarma, era lo que mi economía en aquellos años de juventud me permitía pagar. Aceptaste sin quejarte, quizá lo hiciste por no parecer interesada o simplemente por cortesía, para evitarme el mal momento o la incomodidad.

Conversamos de todo, de tu vida, de la mía, de aquella vez que te ví por primera vez en casa de unos amigos, casa que a la posteridad  me comentaste que era de tu tía y que solías pasar ahí todas las tardes. Sonreí. Sonreíste.

Las dos horas se nos fueron volando. Tomamos un taxi para llevarte hasta tu facultad para luego proseguir a la mía. Neurología había comenzado, pero gracias a Dios la puerta en ese salón era por la parte de atrás, cosa que el Doctor no se dió cuenta de mi tardío ingreso al aula.

No se porque no te volví a invitar a salir. Paso un año desde aquel momento. Nos vimos una noche por casualidad. Tu seguías en la universidad, yo había conseguido empleo en una multinacional de medicamentos y mi vida había cambiado. Te ví a lo lejos y me acerqué a ti. Estabas con una blusa color melón y un pantalón jean negro, sandalias negras con tus uñas pintadas de rojo. Yo estaba con mi jean azul, zapatos azules, camisa de cuadros Tommy recien comprada con el dinero de las utilidades. Estabas fuera de Blu, en plaza Lagos. 

Te dije lo hermosa que estabas antes de saludarte y mientras estabas de espalda. Te volteaste sorprendida y me agradeciste. Creo reconociste mi voz gruesa. Te pregunté qué hacías, me contestaste que ya ibas a casa, que salías de una reunión. Te pedí que no vayas, que te invitaba a tomar algo y conversar. Dudaste unos minutos, pero aceptaste. Fuimos a un bar cercano al redondel que divide el este con el oeste de la calle Sacerdotes. 
Entramos y subimos al segundo piso, tu conocías el lugar por aquellas cosas de tu trabajo que después me comentaste, ellos eran clientes de la empresa donde trabajabas. 
Pedimos dos Heineken sin mirar siquiera la cartilla de precios y de adicional un trago de tequila. Quería que la noche sea algo intensa. La música sonaba mientras hablábamos de los dos, de la vida, del amor, de la tarde de shawarma y el tiempo que había pasado desde aquel momento. Reímos y a su vez pedimos una orden de piqueos para bajar el alcohol que nos comenzaban a afectar.
La música del dj se detuvo por alguien que llegó a cantar en vivo; ella eligió varios temas que cantamos a viva voz.
Nos perdimos en el tiempo. Quise besarte, pienso que tu igual, pero no me atreví. No quise arruinar la noche. No quería ser rechazado antes de tiempo. No sabía tus intenciones ni tu pensamiento sobre mi. Solo nos habíamos visto dos veces en la vida y esta era la tercera vez. Me corregiste, me comentaste que una vez habías ido sin querer al lugar donde yo vivía buscando un departamento, me viste pero dudaste si era yo. Según que pasé delante tuyo, pero sin embargo yo no lo recordaba.

Pedimos la cuenta, pagamos a medias y me sorprendí, nunca una de mis invitadas había pagado su mitad, sin embargo, a pesar de mi insistencia de que yo cancelaba la cuenta sacaste dos billetes de veinte dólares y los pusiste en el cuadernillo de cuero donde se encontraba nuestra factura y lo cerraste. Saque dos billetes similares y cancelamos a medias. Salimos caminando hacia la avenida principal tomados de la mano, paramos un taxi y nos fuimos. Al llegar a tu casa un rápido beso en la mejilla fue tu despedida.

No te he vuelto a ver desde aquella noche....

Será que es mutuo el sentimiento? Quizá no, pues me pediste que te escriba a lo que llegue a mi casa, te escribí y no contestaste. Al día siguiente me dijiste que te quedaste dormida.

¿y si me pasaba algo? ¿cómo te enterabas?
Dudé y aun dudo.

Mejor espero otro tiempo más  antes de invitarla a salir de nuevo.... 


continuará?



lunes, 16 de mayo de 2016

Desde aquella noche.

Y una mañana noté que te me desvanecías, como se desvanece el vapor del agua en el aire.
Busqué los medios para llamarte, pero el esfuerzo fue en vano.
Te escribí mil poemas, pero no estabas presente para leerlos.
Te cante cien canciones, pero no estabas presente para oírlas.

Me descubrí en la puerta negra que separa la calle de tu casa, la toqué y no estabas.
El guardián de la cuadra me dijo que ya no vivías ahí, que te habías mudado.
"Te marchaste sin decir palabras" sonaba en la radio; Natalia Oreiro me acompañaba.
"justo cuando te pedía, un poco más" me recordó a nuestra ultima conversa.

El miedo se apoderó de mi, la luna se escondió tras las nubes, ocultando así su cara.
Esa misma luna que dos días atrás nos iluminó al besarnos en lo alto de la cordillera.
Esa luna traidora junto con Venus, o creo que era Marte, no salieron más.
Leves gotas de lluvia disimularon mis lagrimas. Caminé por la bahía pensando en ti.

Los minutos se hicieron horas, las horas en días, los días en meses y los meses en años,
El tiempo se convirtió en mi enemigo, cada segundo que pasaba aumentaba mi desesperación.
Las noches se hicieron eternas: los días llegaron sin dormir y se marcharon sin darme cuenta.
El sol brillaba pero no alumbraba. La luna seguía sin salir y yo ya no la buscaba.

Al fin supe de ti, estabas delante de mi y corriste a abrazarme.
Nos besamos como aquella noche de abril cuando la luna aun brillaba
Cuando el tiempo se detuvo, cuando la lluvia no llegaba.
Te abracé con todas mis fuerzas, como yo sabía que no te gustaba... y me desperté.

Un sueño, solo fue un sueño. Te vi en mis sueños.
Te soñé un día antes de que te marcharas, te soñé un día antes de volver a saber de ti.
Un mensaje tuyo alegró mi alma. Un te quiero me alegró la mañana.
No dijiste más y te volviste a marchar.

Te espero, aun te espero. Ha pasado mucho tiempo desde aquel mensaje.
Mi rostro tiene ojeras, mi barriga ha crecido y ahora soy como los liquidpaper.
Me rasuro para no parecer indigente. Me baño cuatro veces al día para estar limpio.
Me visto casual por si decides regresar, ¡hasta perfume me he puesto!

Es tan corto el amor, pero tan largo el olvido.
¿Pero como olvidar a quien no se ha ido?
Que no esté presente no significa que está ausente.
Aun queda su recuerdo. Aun tengo la marca de sus besos en el corazón.

Se que volverás, que tu perfume lo percibirá nuevamente mi olfato.
Que tus manos serán tocadas por mis manos. Que mis ojos volverán a perderse con los tuyos.
Que estos años serán solo "tiempo muerto". Que volverás y volaremos en el cielo.
Que seremos eternos, que no habrá más secretos, que nuestro amor sera leyenda.





jueves, 8 de octubre de 2015

El viejo libro de Neruda

En aquel rincón donde se guardan las cosas obsoletas
donde se amontonan los libros ya leídos y las películas ya vistas
donde el olor a guardado se mezcla con el de la naftalina
donde encuentras aquellas cosas que no buscabas.
Encontré la foto que alguna vez nos tomamos frente al mar.

Estaba cubierta de telarañas y polvo acumulado por los años
La limpié, la miré y me sonreí,
¡que joven era! me dije a mi mismo.
¡Que flaco estaba!. Sonreí
¡Como han pasado los años! concluí

Tras de la foto estaba lo que buscaba,
Aquel libro de Neruda que alguna vez presté en la biblioteca
Y luego de leerlo decidí que no lo devolvería.
¡De las páginas de ese libro conseguí las frases para enamorarte!.
¡De las páginas de ese libro conseguiré las frases para recordar como enamorar!

Tomé el libro y dejé la foto al lugar donde pertenecía:
Dentro de aquella caja de libros leídos y de películas ya vistas
Donde el olor a guardado se mezclaba con el de las nuevas naftalinas que puse.
Donde es mejor dejar los recuerdos para crear nuevas historias
Porque el tiempo pasado fue bueno, ¡pero el tiempo futuro será mejor!

viernes, 11 de septiembre de 2015

El amor a los 20

Su mirada se perdía en el cielo raso de la habitación. Su cuerpo estaba ahí, mas su mente volaba por los mares infinitos de las historias creadas por la esperanza del amor que llegaría.
Ella suspiró. La música de fondo le hacía imaginar un vídeo musical, donde ella era la actriz principal. Sonreía. Pensaba. Se imaginaba.

Un sonido interrumpió su viaje. Se levanto a revisar su celular. Era un mensaje.
- "Hola, que haces?"
Prefirió dejarlo en visto, y se volvió a recostar.
La música continuó sonando,  pero no pudo volver a recordar donde detuvo su viaje, así que decidió iniciar otra historia.


Recuerdos, pensamientos, sonrisas.
Fantasía, ilusión, sonrojo.

Las horas pasaron, y la aterradora realidad volvió a aparecer. Se encontraba sola, se sentía vacía. Le faltaba algo... le faltaba alguien con quien compartir su amor y que compartan el amor con ella.
Quiso deprimirse, pero la esperanza ,que siempre es más fuerte que la debilidad, se lo impidió.
Cuando se sabe quien es uno y hacia donde va, no existe motivo para deprimirse. La soledad es parte del viaje, mas no el final.

Se levanto, puso su mejor sonrisa y caminó victoriosa, como quien gana una medalla olímpica. Ella sabe que aunque ahora no esté: estará. Y cuando llegue: la amará.